La escapada de Tonio: En un lugar en el espacio

Estaba amaneciendo. Perdio miró con disgusto la nota que le había dejado su vecino debajo de la puerta. Su hermano, Ivanio, estaba con él.
-Mal asunto. Tonio se va a escondidas, y nos pide que cuidemos de su tío dentro de nuestras posibilidades.
-Sin embargo, fue tan imprudente de irse sin preguntarnos ¡Pobre diablo! ¿No sabía que en los planetas del Binomio Galáctico aborrecen a los terrestres hasta el punto de esclavizarlos sin ningún miramiento? En los pueblos pobres y poco habitados tampoco es que estemos a salvo, pero en las grandes ciudades la discriminación está muy generalizada, hasta el punto de no poder pasear por las calles ¡Nos odian porque somos más competitivos que ellos y no tenemos su misma mentalidad medieval! Militarmente nos destrozarían porque carecemos de los recursos que ellos tienen para viajar por el espacio. Pero hasta al terrestre más idiota le causaría risa ver un enorme televisor, último modelo, fabricado en el Binomio; con muchos fallos de conexión, colorido muy pobre, un montón de botones que no se sabe para qué sirven, y a un precio prohibitivo. Ellos no pueden aspirar a vender sus mercancías en nuestro planeta de origen. Dijo con ironía.
-¡Somos más ingeniosos! ¡Ni lo dudes! Su tecnología es más digna de 1.950, que del siglo veintiuno.
-Sin duda, hermano. Los nativos del Binomio Galáctico son meros traficantes de armas avanzadas que solo piensan en matarse entre ellos.
-¿Y cómo dices que Tonio se va a llamar ahora?
-Star Gordo. Dijo Perdio, leyendo la carta.
En ese momento vieron a una figura tambalearse, hablando solo. Tenía el pelo canoso y barba blanca.
-¡Mira! ¡Es Juanio! ¡A lo mejor no sabe aún la escapada de su sobrino!
Los dos hombres se le acercaron, mientras le mostraban la nota que encontraron, debajo de la puerta. El anciano la rechazó con desdén.
-¡Ya lo sé! ¡Dejadme en paz! Quiero estar solo.
-Si podemos hacer algo por ti…
-¡Fuera! ¡De momento, no quiero buitres a mi alrededor!
Juanio se pasó la mañana, dando vueltas en la plaza del pueblo, gritando su desgracia a todo el que quisiera escucharle. Luego se quedó dormido en un rincón. Nadie lo despertó. Algunos le dejaron monedas, a modo de consuelo, y otros, algo de comida, pues además de beber había pasado la noche jugando a los dados, y perdió gran cantidad de dinero. En sus griteríos, informó de ello a todo aquel que lo quiso escuchar. Pocos apreciaban a ese brusco personaje, pero por solidaridad le ayudaban en algo.
Cuando se levantó, se puso a dar vueltas sin rumbo fijo. Llegó la noche. A eso de las dos de la madrugada, llamó con brusquedad a la puerta de su vecino.
-¿No decías que ibas a ayudarme? ¡Quiero algo de beber!
Ivanio cogió una botella y se dispuso a vaciar su contenido en un vaso. Juanio le arrebató el recipiente con brusquedad y cerró la puerta de golpe sin pronunciar palabra alguna.
-Ahora tengo claro por qué ese infeliz de Tonio lo abandonó. Dijo mientras guardaba el vaso.
-Pues espera a que se ponga a beber.
El desagradecido Juanio se sentó junto a un árbol, mirando hacia las estrellas. Echó un trago y dijo en tono de fastidio:
-¡Bah! ¡Vino tinto del malo!
Durante cuarenta minutos, aproximadamente, estuvo callado, escarbando en el suelo. Luego se levantó con brusquedad, y mirando a las estrellas habló en voz alta:
-¡En un lugar en el espacio, inmenso y sin fin, se juntan los seres vivos en sofisticadas naves, buscando una vida mejor! ¡Meteoritos, galaxias, soles y mundos son parte de un entorno violento y destructor. Agujeros negros, tarde o temprano los engullirán a todos, sin piedad, hasta que no quede nada, excepto la eterna oscuridad. El universo es eso mismo, depredación y violencia ¿Cómo osan las personas circular en semejante entorno, confiando en encontrar la felicidad? Cosmos, el Creador, no tendrá piedad con ellos, pues con esa actitud cobarde, en vez de sobrevivir en su planeta de origen, han cruzado sus dominios, y ahora forman parte de la brutalidad universal que los castigará!
Tras una breve pausa, Juanio siguió hablando, esta vez, a carcajadas.
-¡No, Tonio! ¡No debiste hacerlo! ¡Yo no pude evitar que mis padres me trajeran del planeta Tierra al satélite, Yunia, que desde niño es mi refugio, junto con algunos paisanos más! ¡Tú, cobarde como otros muchos, ahora sabrás lo que es el desprecio y la humillación, por alejarte de los tuyos! ¡Nunca te lo perdonaré! ¡Maldito seas entre los malditos! ¡Ja, ja, ja! ¡No, Tonio, no vengas a buscarme cuando estés en apuros! ¡No me pidas ayuda, porque no te la daré!
Juanio hizo una pausa y exclamó, burlón.
-¿Tonio? ¡Perdón! ¡Quise decir, Star Gordo! ¡Ja, ja, ja. Me gusta ese nombre que has escogido, sobrino ¡Es el que escogería un payaso novato! ¡Eso es lo que siempre has sido! ¡Un pobre payaso tonto que solo entiende lo que le dicen, a base de guantazos! ¡Da igual como te quieras llamar! ¡Vete al infierno! ¡En realidad vas directo hacia él! ¡Ja, ja, ja!
Tras pronunciar esas palabras, arrojó la botella vacía de tinto, que se estrelló con fuerza en la puerta de la casa de su vecino, al tiempo que lo insultaba, reprochándole la calidad de su bebida.
-¡Tacaño de mierda! ¡Este vino sabía a vinagre! ¡Seguro que tienes whiskey y no me has querido invitar! ¡Venga, suéltalo ya!
Los gritos del borracho se escuchaban a la perfección en la casa de Perdio. Como este no le hacía caso, se puso a dar patadas en la puerta y golpear la ventana. Veinte minutos más tarde, viendo que no había respuesta, se fue a su casa a dormir la mona.
-¿Suele ser igual de violento cuando bebe?
-Sí, Ivanio. Antes, cuando se emborrachaba, se llevaba horas, gritándole a su sobrino, y a veces causaba destrozos. Como se ha ido, pronto me tocará a mí, soportarle sus bravuconadas.
-¿Y tras este lamentable suceso, que no tardará en ir a peor, aún no te decides a aceptar mi hospitalidad y vivir en mi casa, con mi mujer y mis hijos en el pueblo de al lado? Exclamó, Ivanio con sorpresa.
El aludido suspiró.
-Si esto continúa así, me iré con vosotros, pese a mi amor por este lugar.

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